Debería darnos vergüenza, como seres humanos que somos.
Miles de millones de personas muertas, torturadas, asesinadas, masacradas; con una única excusa: pensaban diferente.
Algunas pocas tienen nombre y apellido y figuran en los libros de historia. Otras (la mayoría) aparecen como un simple número, y muchas otras, ni siquiera figuran, y tal vez nunca lo hagan.
Cruzadas, conquistas, colonizaciones, batallas, guerras, son todas sinónimos de vidas arrasadas.
Lo más triste es que cada día, más gente cae víctima de esta situación.
Millones de seres humanos tratados como animales o aún peor, llevados a situaciones límite, por el sólo hecho de razonar distinto, de tener otras ideas, de adorar otro Dios, de hablar diferente, o de tener otro color de piel.
Cientos de miles de niños mueren por inanición o por enfermedades curables, mientras los gobernantes poderosos (o los poderosos gobernantes) se pasean en limosinas, se dan grandes banquetes y brindan con champaña, al tiempo que el Papa y sus séquitos, se “sacrifican” viviendo rodeados de plata y oro, y se llenan las bocas hablando de Dios.
Miles de personas en el mundo, de todas las edades, son violentadas, ya sea físicamente o psicológicamente; en ocasiones los victimarios son personas extrañas, y en otras, son muy íntimos.
En el largo camino recorrido por la Humanidad, han sido muchos los individuos que un día decidieron eliminar de la faz de la tierra a una raza de humanos íntegramente, a una etnia o a un grupo en particular.
Varios lo consiguieron.
Arrasaron pueblos, ciudades, naciones, regiones y continentes prácticamente por completo; todo por ambición.
Miles de hombres y mujeres dicen librar una batalla, algunos dicen que es por la patria, otros que por Dios, o también por honor.
Matan y mueren en una tierra ajena, muy lejos de la suya, se cargan el cuerpo con explosivos y se suicidan, llevándose con ellos muchas vidas, van a la vanguardia del combate, sabiendo que quizás jamás regresen a casa, o se estrellan en aviones contra blancos enemigos, convirtiéndolo todo en escombros, fuego, cenizas, despojos, sirenas, gritos, llanto y desesperación.
La violencia reina en las cárceles, y también en las calles. En unas sus habitantes han perdido, además de su libertad, todos sus valores, y en las otras, ya ni siquiera podemos decir que somos libres..."
FRAGMENTOS DE "EL MUNDO EN EL QUE VIVO",
INCLUIDO EN MI LIBRO "PENSAMIENTOS,REFLEXIONES, Y OTROS DIVAGUES".

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