pero eso estaba lejos de ser verdad; las mujeres huían espantadas, los niños lloraban y los hombres miraban serios, desconfiados, susurrando no sé qué cosa entre ellos.
Cierto era que en el lugar reinaban el caos y el desorden, y que la poca autoridad que había no daba abasto y dejó todo en manos del Ser Supremo, pero nadie se quejaba; no había señales de que alguien hubiera solicitado ayuda. Nadie se esperaba que un día, un ejército llegara a sus tierras y montara campamento en las puertas mismas de sus casas.
Ranwel_ casi tan sorprendido como el resto_ no tardó en ponerse en contacto con algunos lugareños (a pesar de su complejo dialecto) que le trataron de explicar que los habitantes de Diorent caminaban sobre un
elemento de mucho valor, y que la tierra, era el cofre de dicho elemento; por esto, los distintos bandos que habitaban la zona, entraron en disputa, pero los mismos diorentanos se estaban haciendo cargo de la situación, hasta que llegaron las tropas del imperio. Ranwel empezaba a entender la situación.
Pretendió el rey iniciar una relación amistosa con las autoridades locales, aclarándoles las únicas intenciones de su presencia allí: ayudarlos y protegerlos. Los más inocentes e ingenuos le creyeron y confiaron en él, pero otros_ sobre todo los consejeros _ no veían con buenos ojos la presencia de un ejército en sus tierras. Creían firmemente que Jorvuch II había llegado a Diorent en busca de sus riquezas.
_ “Y contadme de sus riquezas, habladme de ese elemento precioso.
_ Por tradición, en Diorent, no hablamos de ese “elemento precioso”, como usted lo llama, sólo podemos decir que es la base de nuestra sobrevivencia. Su majestad sabrá comprender.
_Pero por supuesto, os comprendo y respeto vuestra tradición”.
Esta conversación se repetía cada vez que el rey intentaba_ disimuladamente_ saber algo más de su tesoro. Mas, la paciencia de este, se estaba agotando.
Tiempo había pasado ya, cuando su majestad pidió al comandante de sus ejércitos preparar una fiesta para sus hombres. El pedido del rey se cumplió, pero todos
los soldados, incluyendo Cowlan, sabían que una fiesta así solo podía ser por motivo de la cercanía de una batalla. Todos comieron, todos bebieron, y a nadie le preocupaba el enemigo. Excepto a Cowlan.
Al despuntar el sol, Diorent se encontraba rodeada por las tropas reales. Las órdenes eran no permitir que nadie saliera o entrara a la ciudad. A quienes pretendían hacerlo se les negaba el paso, y se les explicaba que era por su seguridad. Al principio las cosas se mantuvieron en calma, pero poco a poco los habitantes comenzaron a darse cuenta de que habían perdido su libertad. Un día, un soldado envistió con su caballo a un joven que burló la guardia y cruzó la línea. Este murió poco después a causa de las heridas.
Ese fue el comienzo del fin de Jorvuch II..."
FRAGMENTOS DEL CUENTO "DE GUERREROS Y ALGO MÁS",
INCLUIDO EN MI LIBRO "PENSAMIENTOS,REFLEXIONES, Y OTROS DIVAGUES".

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Valoro mucho tu opinión; déjame un comentario.